martes, 6 de marzo de 2012

DIOS CUMPLIRÁ SU PROPÓSITO EN TI PORQUE TE AMA!!!


Así que, “…no te sorprendas de tener que afrontar problemas que ponen a prueba tu confianza en Dios. Eso no es nada extraño. Al contrario, alégrate de poder sufrir como Cristo sufrió, para que también te alegres cuando Cristo regrese y muestre su gloria y su poder.” 1 Pedro 4.12-13
Por eso, “Sigamos confiando en que Dios nos salvará, y no dudemos ni un momento, porque él cumplirá lo que prometió“. Hebreos 10.23.

El perro Dingo

LEA: Filipenses 2:1-4
No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. —Filipenses 2:4



Donde yo vivo, Harry Tupper es una leyenda de la pesca. En el Lago Henry, en la zona este del estado de Idaho, en los Estados Unidos, hay un lugar que lleva su nombre: «El agujero de Tupper».
Lo que más recuerdo de Harry, aparte de su extraña habilidad para pescar esas inmensas truchas del lago, es su perro: Dingo. ¡Ese sí que era un perro! Dingo solía sentarse al lado de su amo en el bote y observaba fijamente mientras él pescaba. Cuando el viejo pescador enganchaba una trucha, Dingo ladraba furiosamente hasta que el pez se atrapaba con una red y, después, era liberado.
El entusiasmo de Dingo me enseñó algo: Es mejor entusiasmarse con lo que hacen los demás que con lo que uno hace.
Así que, cuando leo Filipenses 2:4 y pienso en Dingo, me pregunto: ¿Dedico tiempo a pensar en «lo de los otros»? ¿Me entusiasmo con lo que Dios está haciendo en y a través de un amigo como lo hago con lo que hace en y a través de mí? ¿Anhelo ver a otros crecer en la gracia y triunfar, aunque quizá hayan prosperado como resultado de mis esfuerzos?
Esta es la medida de la grandeza, porque somos más semejantes a Dios cuando nuestros pensamientos sobre nosotros mismos se pierden en medio de las reflexiones sobre los demás. Pablo lo expresó mejor, al decir: «… estimando cada uno a los demás como superiores a [uno] mismo» (2:3). ¿Vivimos de este modo?

lunes, 20 de febrero de 2012

Remedio para el miedo

LEA: Salmo 34:1-10
Busqué [al] Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. —Salmo 34:4



En su discurso inaugural, en 1933, Franklin D. Roosevelt, el recién elegido presidente de los Estados Unidos, se dirigió a la nación que aún no se había recuperado de la Gran Depresión. Esperando despertar una perspectiva más optimista en cuanto a la crisis económica, declaró: «¡A lo único que tenemos que tenerle miedo es al miedo!».
El miedo suele aparecer en nuestra vida cuando corremos el riesgo de perder algo: riquezas, salud, reputación, posición social, seguridad, familia, amigos. Revela nuestro deseo innato de proteger lo que más nos importa en la vida, en vez de entregarlo plenamente al cuidado y control divino. Cuando el miedo se impone, nos incapacita emocionalmente y debilita nuestra vida espiritual. Tenemos temor de hablarles a otros de Cristo, de disponer de nuestra vida y recursos para ayudar a los demás o de aventurarnos hacia terrenos desconocidos. Un espíritu temeroso es más vulnerable al ataque del enemigo, el cual nos tienta para que no seamos fieles a las convicciones bíblicas y nos hagamos cargo personalmente de las cosas.
Por supuesto, el remedio para el miedo es la confianza en nuestro Creador. Solo cuando confiemos en la realidad de la presencia, el poder, la protección y la provisión de Dios en nuestra vida, podremos compartir el gozo que experimentaba el salmista, cuando dijo: «Busqué [al] Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores» (Salmo 34:4).

miércoles, 15 de febrero de 2012

Más, más y más

LEA: Filipenses 4:10-20
… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. —Filipenses 4:11



Ahora que mi hija está aprendiendo a hablar, ha adoptado una palabra favorita: más. Dice «más» y señala una tostada con mermelada. Extendió la mano y dijo «¡más!» cuando mi esposo le dio algunas monedas para poner en su alcancía. Una mañana incluso exclamó: «¡Más papi!», cuando su padre salió para el trabajo.
Tal como mi pequeñita, muchos miramos a nuestro alrededor y pedimos «más». Lamentablemente, nunca hay nada que nos baste. Necesitamos el poder de Cristo para romper el ciclo y ser capaces de decir como Pablo: «… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación» (Filipenses 4:11).
La frase «he aprendido» me dice que el apóstol no enfrentaba todas las situaciones con una sonrisa. Aprender a contentarse requiere ejercitación. Su testimonio incluía altibajos que abarcaban desde la picadura de una serpiente hasta la salvación de almas, desde las acusaciones falsas hasta la fundación de iglesias. Sin embargo, declaró que Cristo era la respuesta para satisfacer el alma. Dijo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (v. 13). Jesús le había dado la musculatura espiritual necesaria para soportar momentos difíciles y evitar el peligro de la abundancia.
Si descubres que estás buscando «más, más y más», recuerda que el contentamiento llega cuando tienes «más» de Cristo.

martes, 31 de enero de 2012

El príncipe de paz

LEA: Juan 14:25-31
La paz os dejo, mi paz os doy… —Juan 14:27



Hace años, conocí a un joven que formaba parte de una banda de motociclistas. Había crecido en un campo misionero donde servían sus padres. Cuando su familia volvió a su país natal, él aparentemente no pudo adaptarse a ese entorno. Vivió una vida tumultuosa y murió en medio de una pelea callejera entre bandas rivales.
He participado en muchos funerales, pero ese es el que más recuerdo de todos. Se hizo en un parque donde hay una hondonada cubierta de hierba natural alrededor de una laguna. Sus amigos estacionaron las motocicletas formando un círculo y se sentaron sobre la hierba rodeándonos, mientras un amigo y yo dirigíamos la reunión. Hablamos de manera sencilla y breve sobre la conciliación entre grupos en conflicto y la paz interior que el amor de Jesús puede brindar.
Después, un integrante de la banda de motociclistas nos agradeció, empezó a caminar para marcharse, pero luego volvió. Jamás olvidaré sus palabras. En su jerga, dijo que tenía una motocicleta, un apartamento y una novia; después, agregó: «Pero no tengo paz». Entonces, hablamos de Jesús, que es nuestra paz.
Ya sea que tengamos una Harley Davidson o un Cadillac, una mansión o un pequeño apartamento, un ser amado o a nadie… no importa. Sin Cristo, no hay paz. Él dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy…» (Juan 14:27). Este regalo es para todos los que confían en Él. ¿Le has pedido su paz?

viernes, 27 de enero de 2012

Escondido en la roca

LEA: Salmo 18:30-36
Señor, roca mía y castillo mío… —Salmo 18:2



Se cuenta la historia de un joven predicador llamado Augustus Toplady, el cual estaba paseando por la campiña inglesa cuando, de repente, una tormenta apareció en medio del paisaje. Toplady divisó una amplia formación rocosa con una grieta, donde se refugió hasta que pasó el temporal. Mientras estaba sentado resguardándose de aquel diluvio, reflexionaba en la conexión entre su refugio y la ayuda de Dios durante las tormentas de la vida.
No tenía papel donde escribir, pero encontró un naipe tirado en el suelo de la cueva y empezó a componer las palabras del amado himno «Roca eterna».
Escrito durante aquel tormentoso día de 1775, este himno ha sido, desde entonces, una fuente de fortaleza para los creyentes.
Roca de la eternidad, fuiste abierta para mí;
Sé mi escondedero fiel, solo encuentro paz en ti;
Eres puro manantial, en el cual lavado fui.
Piensa en tus luchas. ¿Necesitas un lugar para refugiarte? ¿Te hace falta Alguien que te proteja de los ataques de la vida? ¿Precisas tener la certeza de que has sido perdonado? Tal como lo experimentó Toplady, podemos hallar refugio y seguridad en Dios.
No enfrentes tú solo las tormentas de la vida. Busca el amparo del Señor. Pídele que te proteja. Asegúrate de haber recibido su perdón. Acércate a la Roca de la eternidad; es el lugar más seguro en la vida.

jueves, 26 de enero de 2012

La tierra del «y»

LEA: Apocalipsis 22:1-5
Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. —2 Pedro 3:13



En una publicidad de televisión que vi hace poco, los niños discutían en el asiento trasero del automóvil acerca de dónde pararían a comer. Uno quería pizza, y el otro, pollo. La madre, sentada en el asiento delantero del acompañante, dijo: «No, vamos a comer hamburguesas».
El padre resolvió inmediatamente el desacuerdo familiar con esta idea: «Iremos a un restaurante de comida buffet “y” cada uno podrá comer lo que quiera y cuanto quiera». El anuncio termina con estas palabras: «Acaba con las peleas familiares sobre qué comerán. Vengan al restaurante ________, la Tierra del “y”».
Cuando vi esa publicidad, pensé en otra «Tierra del “y”»: el cielo. Es un lugar donde tendremos todo lo que necesitemos. Y lo más importante es que estaremos en la presencia del Dios Todopoderoso. Al describir el cielo, el apóstol Juan dijo: «… el trono de Dios y del Cordero estará en [él]» (Apocalipsis 22:3). Nuestra alma sedienta será totalmente satisfecha en el «río limpio de agua de vida» que sale de su trono (22:1), porque el Señor le dice a su pueblo: «Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente» (21:6). Otro «y» de esa tierra será el árbol de la vida «para la sanidad de las naciones» (22:2). Lo que no encontraremos en esa «Tierra del “y”» serán maldición (22:3), muerte, dolor y lágrimas (21:4).
En esa celestial «Tierra del “y”», estaremos completamente satisfechos. ¿Estás preparado para ir allá?

DESCARGA NUEVO EVAN CRAFT FT LORELEI TARON

Evan Craft ft. Lorelei Tarón - STARS ALIGN (Mundial de Fútbol 2018)